viernes, 17 de febrero de 2012

Adiós, pequeño, adiós...


Siempre me he sentido una madre "diferente".
 Quizás por haberles tenido joven, para lo que se tienen hoy en día, tal vez porque, ciertas personas que ya no tengo alrededor, me metieron en la cabeza que yo todo lo hacía mal, y hacer de madre¡¡ aún peor!!.
 Hoy en día, cuando a veces río con ellos como una amiga, cuando hago el trasto, cuando me cuentan sus cosas de amor , limitadas, por supuesto, a veces me pregunto si será así como se hace, si cuando no me hacen caso y me faltan el respeto es culpa mía por darles demasiada confianza y ser "blanda".
Que difícil es criar un hijo, cuantas teclas, teorías, y gente "perfecta" que con sus consejos y modelos te hace dudar de tu propio modo de hacer...y yo siempre dudo.
Tampoco he tenido nunca un instinto maternal muy acusado. No he sido ni soy en absoluto niñera, no he tenido desde pequeña grandes deseos de tener hijos, no jugaba a mamis con muñecos...ese instinto del que veo hacer gala a muchas mujeres a mi alrededor, de darse golpes de pecho de ser grandes madres, de gente que ve un niño por la calle y le hace carantoñas...cuando yo ni siquiera los veo pasar.
Pero les quiero mucho, aunque reniegue mil veces en el día a día, cambiaron mi vida y la llenaron con sus risas.
Por eso tengo necesidad de contar , que me embarga a veces una melancolía natural por ese alejamiento, normal, ley de vida, que estoy viviendo.
 Aún recuerdo el pasado año, cuando acompañé por primera vez a mi hijo mayor al instituto a una prueba, como se alejó inmerso en una riada de adolescentes, con su bolígrafo en la mano, girando la cabeza para buscarme con la mirada, mientras esa riada se le llevaba hacia dentro y yo me quedaba fuera...
Pensé que aquello era como la vida misma... se van, mirándote, diciéndote adios, mientras la vida se los lleva... y tú te quedas ahí.
Tuve la misma sensación al verle alejarse desde la ventana la primera vez que subió solo al colegio, con su mochila cargada, mochila llena de sueños e ilusiones para caminar por su camino...y tú te quedas ahí.
Sus amigos, verles escribir "te quieros" y "te amo" a las niñas, comprobar que empiezan a sentir , razonar e incluso discutir como mayores, me hace feliz y me da escalofríos a la vez.

 Se que es todo normal, que es ley de vida, pero quiero con estas palabras darles la bienvenida al complejo mundo adulto, decir a aquel niño que fueron hace poco....adiós, pequeño, adiós...siempre estaréis dentro de mi corazón.